
Aunque
la Morena me haya recordado que la frase "
Ladran los perros, Sancho. Es señal que avanzamos" no ha sido explícitamente dicha por Miguel de Cervantes Saavedra, el significado de la misma
va más allá de la autoría. Pero, si llevamos esto al ámbito profesional, encontraremos que siempre que ha existido una revolución tecnológica (la imprenta, la máquina de escribir, etc, etc), los gremios se dividen en los que aceptan las bondades de ésta y aquellos que prefieren mantener su
status quo.
Actualmente estamos viviendo eso. Los blogs han aparecido en la palestra física desde el ámbito virtual. Sus autores son ciudadanos de cualquier profesión,
incluso niños,
estudiantes y
también periodistas.Por ello, en el periodismo estamos viendo esa misma división. Aquellos que dicen que
los blogs son plataformas en las que sus autores juegan a la guerrita, otros
los que hacen destapes, están
los que celebran los plagios hacia otro individuo, los que
expresan su opinión sobre el mundo y los que hacen simplemente
se divierten y
practican su redacción. Todos ellos forman parte de esta nueva tecnología que nos permite abrir un nuevo horizonte en las comunicaciones. Algunos líderes de opinión, como Rosa María Palacios, Augusto Álvarez Rodrich y
Cecilia Valenzuela, los han aceptado como una fuente confiable de información. Otros, como Gustavo Faverón, Aldo Mariátegui y Daniel Salas... no tanto.
Existen aquellas personas que quieren mantener su status. Aquellos que en las páginas impresas
fueron editores generales de medios o
grandes escritores y que ahora son considerados tan iguales como otros bloggers que
hablan de su particular vida podrían considerar que los ciudadanos que son tan o más escuchados como ellos son una especie de
apestados.¡Caray, hombre! ¡Qué mentalidad!
Y por esa razón es que muchos somos desmerecidos. Tenemos el ejemplo del
comentario de Faverón a un post de
Roberto Bustamante:
"¿Te tengo que pedir que por favor no contribuyas a hacerle propaganda a la comisión de un delito en el que se me insulta y se roba mi identidad y la de otras personas? Pobre idiota. Pobre infeliz."
O los comentarios de
Alonso Alegría:Sin embargo, no nos engañemos. Los blogs tienen dos funciones importantes. Una de ellas es la de desahogar bilis (muchos autores firman con pseudónimo y tienen nemigos mortales) y la otra es hacerles sentir a sus dueños que su opinión tiene peso. ¿Cuánto? Depende del número de lectores. ¿Cuántos son? Podrían ser millones. ¿Promedio estimado de lectores reales? Pues, la verdad, la verdad comprobada es que un blog literario típico peruano lo leen su autor, sus amigos, su enamorada y sus patas de la universidad. Pero sirve de algo, por supuesto
O también de
Mirko Lauer:Del lado peruano la cosa ha llegado a un lenguaje acusatorio destemplado, que dibuja un panorama de complots chilenos, traidores a la patria, y amputaciones territoriales. Con ánimo más lúdico, sin embargo algunos blogs interesados en el tema han empezado a jugar con hipótesis de guerra, mismo Playstation.
Y ahora
Daniel Salas, el
amiguísimo de Gustavo Faverón, en un post dedicado a
Marco Sifuentes:
Me asombra la agudeza de este blogger y periodista. Porque en su mundo no existen ni Aristóteles, ni Kant, ni Levinas, ni Wittgenstein. Esto no tendría nada de raro si se tratara de un iletrado, de una persona carente de la oportunidad de haberse formado. Pero no es así. Marco Sifuentes ha pasado por la universidad. Dan ganas de decir que algo se pudre en Pando pero parece más bien que hay una corriente generacional hegemónica a partir de los 90 que quiere arrasar con el pensamiento crítico y la formación humanista.
En lo que parece ser una cachetada a la inteligencia de Ocram, Salas lo único que logra develar es que ha escrito a lo Alegría: por la bilis.
Sinceramente no se qué diantres tienen ambos contra Sifuentes. ¿Será porque están envidiosos que el es más leído y goza - a su parecer - de una gran credibilidad? ¿Será porque gana más plata que ellos en el AdSense?
No se me ocurre ningún motivo razonable para que toda esta ira irracional se desfogue contra ellos. ¿Podría ser, quizá, que la vieja guardia
quiere mantener el principio de censura contra esta nueva generación de periodistas?
Veamos cómo trabaja un diario. Uno hace su nota y el editor mete sus manos en ella y la acomoda a la línea editorial del medio. En algunos casos le pone el titular que a él le parece bien. En otros respeta el propuesto por el redactor. Pero, lo que si es cierto es que es muy común que te llame, te tire la nota por la cara - no duele tanto - y te ordene que la vuelvas a hacer para que ésta encaje con la opinión institucional del medio.
Por ejemplo. Cuando estuve trabajando en Gente, estaba haciendo un reportaje a un profesor que cumplía 70 años initerrumpidos de enseñanza en la secundaria. Entre sus ex-alumnos destacados figuraba Ántero Flóres-Aráoz. Fui hasta su oficina y tuve una grata entrevista con el. Si hubiéramos tenido tiempo hasta terminábamos cantando el himno del colegio. Pero cuando llegué a la redacción y estaba transcribiendo la entrevista, viene mi editor - muy amigo mío - y en confianza me dice que no lo ponga, porque el Sr. Escardó estaba enojado con el y no quería ver su nombre en su revista.
¡Válgame! Y así ocurren casos en varios periódicos. El último que tengo conocimiento es
el caso de Miguel Santillana en Correo.Aquí
no está en discusión el tema del código de ética de los bloggers,
como lo publicó Ocram, sino que este es otro ataque más de un grupo que, sinceramente, debería tener algo mejor que hacer que responderle a alguien que le parece tan ínfimo y bruto:
"Hay varios asuntos que Sifuentes no entiende o no quiere entender y por eso me
tomo el trabajo de explicárselas, aunque tal vez sea un esfuerzo vano"
"Dan ganas de decir que algo se pudre en Pando pero parece más bien que hay una
corriente generacional hegemónica a partir de los 90 que quiere arrasar con el pensamiento crítico y la formación humanista."
Debo decir que esta última frase es la que más me ofendió, ya que se nota que Danielito - más conocido como
Smithers -no ha pisado la PUCP en tiempo. Te puedo nombrar ahorita a cinco periodistas que están ahora estudiando que creo que serán grandes, pero temo que después salgas intentanto embarrar a otros nuevos valores en potencia del periodismo nacional.
Fácil que mañana
hasta sale diciendo que Cipriani debe entrar a la PUCP.
Vamos a recordar los diez puntos que toca tan dichado código:
- Responsibility for our own words.- Tu último post no es más que lo mismo que escribe tu preciado amigo Tavito. Nada nuevo.
- Nothing we wouldn't say in person.- ¿Lo harías por tí mismo o por intermedio de Tavo?
- Connect privately first.- Te puedo asegurar que no lo has hecho. Y yo no tengo por qué, porque simplemente estoy cumpliendo la siguiente norma.
- Take action against attacks.- Yo creo que Marco, como una persona natural, merece el mismo respeto que merece cualquier persona. Y si alguien, como tu, se toma la libertad de zurrarse en una simple norma de cordialidad, entonces no merece mi respeto.
- a) No anonymous comments OR b) No pseudonymous comments .- Por lo menos tu sí firmas tus goles.... no como otros...
- Ignore the trolls .- Pues, si. Esa frase resume todo.
- Encourage enforcement of terms of service.- Blog de opinión donde puedo escribir lo que me de la gana. Punto. Mañana puedo salir diciendo que Bush fuma cigarros "Inca", pero eso sería faltar a la verdad, ¿no? ¿Qué me frena? Mi capacidad moral. ¿Con qué autoridad? Con la misma que cualquier ciudadano común tiene: el derecho a expresarse libremente. Con o sin fundamento. Siempre está abierta la opción del debate de ideas. Por lo menos aquí.
- Keep our sources private.- Ñac.
- Discretion to delete comments.- Acordado. Es más, diría que no borraran ninguno. Incluso los comentarios más hirientes hechos en mi blog están publicados. Como pocos bloggers, tengo la puerta abierta para que mis lectores digan lo que se le venga en gana. Ya me han mentado la madre y han insultado a mi enamorada - ¿o no César? No te rías mucho, Niño Manuelito -. Lo que se olvidan es que esto registra IP...
- Do no harm.- Cierto. No debemos herir los sentimientos de alguien. O por lo menos intentar o menospreciar su inteligencia. Todo ser humano merece respeto, pero éste se pierde cuando decide atacar a otro sin razón aparente.
En otras palabras, Smithers - y léase con voz de Farooq -: ¡Damn! Porque es verdad: cuando los perros ladran, es porque estamos avanzando.
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